Ponte un momento en sus botas.

La salud mental de quienes nos protegen no puede vivir solo en una etiqueta. Prevención real es horarios, presupuestos y formación, no un hashtag.

REFLEXIONES

9/3/20262 min read

Agente de policía de espaldas mirando la calle de noche, con el texto "Ponte un momento en sus botas
Agente de policía de espaldas mirando la calle de noche, con el texto "Ponte un momento en sus botas

Ponte por un momento en sus botas. No como ejercicio de empatía sino de verdad: cierra los ojos y siente el peso de un chaleco que aprieta más cuando no sabes si esta noche vas a quitártelo en casa. Siente la incertidumbre de no saber si la próxima llamada es una discusión de vecinos o el último minuto de tu vida. Tú lo ves en una pantalla, ellos sienten su aliento en el cuello.

Mirar el peligro y correr hacia él

Mientras alguien graba con el móvil y opina sin haber decidido nunca nada en una milésima de segundo, hay un compañero que sí lo ha hecho: ha calculado en un parpadeo el riesgo de actuar, el riesgo de no hacerlo, el riesgo de equivocarse delante de una cámara que no entiende de matices. Ahí está la diferencia entre mirar el peligro y correr hacia él.

Hechos de otra pasta

Existe la fantasía cómoda de qué están hechos de otra pasta. Y en parte es verdad: corren cuando los demás huyen, pero esa pasta también se agrieta, también sangra. He visto a compañeros mirar el techo de un vestuario a las tres de la madrugada pensando que ya no queda nada que sostenga tanto peso, y sonreír media hora después porque toca turno y el turno no espera.

Llega el hashtag, llega la frase bonita

Entonces llega el hashtag, llega la frase bonita, el lazo negro, … Después, silencio otra vez. El protocolo vuelve al cajón y todo regresa a territorio sin explorar, hasta el siguiente número de placa que sale en las noticias.

Detrás del uniforme hay una persona

La salud mental de quienes nos protegen no puede vivir solo en una etiqueta. Que un caso llegue a la prensa no debería ser la condición para acordarnos de que detrás del uniforme hay una persona que tiembla igual que tú, que se rompe igual que tú, que necesitaría las mismas palabras que cualquiera en su peor noche.

En resumen: PREVENCIÓN

Esto no lo arregla una publicación. Lo arregla una cultura distinta: una jefatura que deje de mirar para otro lado, un sindicato que pelee también por lo invisible y no solo por las condiciones materiales o cuando ya no hay remedio, una academia que enseñe desde el primer día que pedir ayuda no es debilidad sino parte del oficio. En resumen: PREVENCIÓN.

Autocuidado, regulación emocional, espacios seguros: son palabras que seguirán sonando a teoría barata mientras sigan siendo un cartel en un pasillo y no una sala donde alguien pueda sentarse sin uniforme ni máscara, mientras sigan siendo papel mojado en un cajón que nadie ha abierto.

Demuéstrenlo donde no se ve

Si de verdad les importa las vidas que hay detrás del uniforme, demuéstrenlo donde no se ve: en los presupuestos, en los horarios, en la formación. Lo demás es postureo, y el postureo nunca ha salvado a nadie.

Yo seguiré poniéndome en sus botas, aunque me duelan los pies. Porque alguien tiene que recordarlo cuando se apaguen las pantallas y se acabe el hashtag: detrás de cada intervención hay una persona, y esa persona también necesita que alguien se ponga, alguna vez, en las suyas.

Atentamente, La Capitana.

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